El Hala Mirowska de Varsovia, el Mercado Central de Budapest, la Boqueria de Barcelona, el Campo di Fiori o cualquier mercado montado en cualquier plaza de cualquier ciudad o cualquier pueblo es una invitación al buen comer.
Asi lo vive el viajero, que se acerca, selecciona, compra y sueña comidas en esa especie parque de diversiones maravilloso que son los mercados para los viajeros #foodies.
La lista es interminable, porque hay tantos mercados como destinos y hay tantas formas de vivirlo como viajes posibles. Hay sociedades, como la griega, que por conviccion no compran en las grandes cadenas de supermercados, sino que prefieren el mercado local, fresco y generoso, y en eso basan su dieta. Larga vida a los sabios atenienses.
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